LOS ENCARGOS DEL ASTILLERO
Desde el Astillero abrimos una convocatoria libre para el desarrollo de textos dramáticos destinada a autores dramáticos de todos los países y todas las lenguas planteada como encargos de textos teatrales bajo los auspicios de un canon y por medio del desarrollo de talleres prácticos donde se diseccione el futur del texto que se va a escribir.
El lugar de esa disección será el taller, el espacio donde los escritores leerán y escucharán los textos propios y ajenos para opinar e idear sobre ellos. Las palabras del otro serán la mejor materia prima para que el escritor traduzca sus propias iniciativas y serán las mejores llaves para que el dramaturgo busque en sí mismo ese texto que desea escrbir.
El trabajo colectivo del taller moldeará nuevos artefactos textuales preparados para zambullirse en las angustias del ser humano, ideados para hacer equilibrios vertiginosos con la muerte, para abordar la irracionalidad de las pulsiones y explorar los cimientos de las fundaciones colectivas humanas: las prohibiciones míticas o la soledad del ser humano y se pregunten sobre el temor original que da enfrentarse al espejo vacío que es una hoja en blanco.
Sabemos que lo que escribamos, no siempre producirá placer ni en el público, ni en el autor. Es más, creemos que el buen teatro no produce placer, en todo caso goce, que es otra cosa.
O conmoción intelectual, pero nunca terror.
Y es que sabemos que los relatos teatrales, van dirigidos a ese espacio que existe entre el consciente y el inconsciente que muchas civilizaciones han dado en llamar alma, palabra de muy poco prestigio en la sociedad de la comunicación, pero que es la instancia que soporta al sujeto.
¡Buena escritura!
LAS RENUNCIAS
Las obras de estos "encargos" deben partir en busca del secreto de lo esencial teatral por medio de renuncias. En una época en que las crisis cinematográficas y televisivas quieren también salpicar el teatro gracias a la abundancia y exceso, así, los "encargos" del Astillero deben renunciar a lo siguiente:
- Lo espectacular. Pues lo espectacular es engaño para el ojo como han demostrado el cine y la televisión.
- La cháchara y los revolcones por el suelo, porque son muchos los gritos y pocas la nueces.
- El argumento. La narración debe prevalecer sobre todo argumento. El mito vence al argumento.
- Lo alternativo. En cuanto alternativo es ya una etiqueta que intenta ocultar lo pobre.
- La literatura. Pues es un género inferior al arte dramático.
- La iluminación, pues la luz es la de un ensayo. Es una luz que acaricia a los actores, no la que los oculta.
- La puesta en escena, pues es tan solo un refugio de gente que odia el teatro.
- Las grandes interpretaciones, pues son oropeles que buscan apartar la contundencia del texto dramático.
En los encargos-renuncia tan importante es el actor como el técnico de sonido, que será tembién un actor. Tan importante es el creador del espacio escénico como el director, que será también un actor. Y tan importante es el iluminador que va a ocultar la luz como el autor que se enmascara bajo la compañía del director y el actor, que escriben en el texto junto a él.
Con tal motivo, Teatro del Astillero quiere proponer un canon como guía para realizar estos "encargos". No buscamos una normativa que limite, sino un marco que logre excitar la creatividad y la imaginación para producir relatos necesarios para las nuevas sociedades.
¿Por qué la urgencia de un canon? Porque, quizás, el sentido y el riesgo siempre están en otra parte, nunca están mucho tiempo en el mismo sitio. Porque, constantemente, olvidamos qué debemos escribir y lo hacemos sin saber por qué ni para qué. Porque nuestra escritura debe ser libre, personal, individual. Pero también porque buscamos eternamente ese rasgo que cree una identidad.
Porque es necesario escribir para algo.
Sabemos que toda dramaturgia es una experiencia de vida y libertad. Escribir es vivir y es vivir en libertad, por eso es ridículo someterse a modas, estilos, escuelas, morales, opiniones autorizadas, propuestas o imposiciones. El canon hará que nuestros textos sean libres y que nos obliguen a vivir en libertad. Que nuestros textos sean libres del autor y del estilo.
Por todo ello sabemos de la necesidad y la urgencia de un croquis, un manual de instrucciones que marque un camino de investigación y de instigación a la creatividad en el teatro.
Para ello, todo escritor del canon seguirá los siguientes mandamientos.
EL CANON DEL ASTILLERO
- Por encima de todo, la escritura es un hecho ético, es decir, humano. No rechazaré ningún tema, ningún género, ninguna idea, ninguna forma de texto. Todos son válidos a la hora de abordar la verdad del relato, la verdad del hombre.
- Recibir un encargo es respetar al otro. El canon es también sinónimo de impuesto. La obra no es mía, es un encargo que se me hace. Tendré conciencia de que nada es gratis y que hay que pagar por todo.
- Respetaré a mis personajes, en sus vidas, en sus deseos, en sus maldades, en sus bondades, en sus perversiones e incluso en sus milagros.
- Seré consecuente, a la hora de construir la trama, con los personajes y las situaciones. Me implicaré con la trama que escriba, como parte de mi alma, como parte de mi vida. Buscaré siempre que la acción avance, y me opondré con todas mis armas a que triunfe la situación. No utilizaré la sorpresa, el golpe de efecto, el engaño, el falso punto de vista, las pistas erróneas, las cartas escondidas.
- No buscaré el gusto del público, porque no creo en el público, sino en el espectador, pero tampoco haré trampas. Me han encargado escribir una obra para que el espectador piense, viva y se emocione. No tengo permiso para pensar yo por ellos, vivir por ellos o emocionarme por ellos. Sólo me permitiré escribir algo que pueda dar un vuelco al corazón de cada espectador.
- No tengo permiso para hacer una obra triste. (Puede ser seria, grave o cómica, pero no triste).
- Tampoco tengo permiso para sobrepasar las dos horas de duración, pero debo escribir algo que dure más de hora y media.
- Utilizaré tan sólo tres actores, muchos antes lo hicieron; e incluso otros hicieron mucho más con menos.
- El espacio estará vacío y el vestuario estará pensado para los actores y no para los personajes. No utilizaré efectismos de iluminación ni sonido. La luz iluminará tanto a actores como a espectadores y sus aparatos serán parte del decorado, así como sólo se utilizará la música que los actores reproduzcan en escena.
- Y, por último, escribiré teatro como si no lo estuviera haciendo, sin importarme que mi texto acabe pareciendo o siendo narrativa o poesía o cine o música o ensayo o incluso teatro. No pensaré en tal sala, tal compañía, tal actor, tal taquilla, tal escenario.
Este canon orientará Los encargos del Astillero, cuyos autores obedecerán, de manera libre y voluntaria, hasta donde lleguen las fuerzas. Todo autor que asuma el canon gritará con total libertad y convicción: “¡Vivan las caenas!”, pues se encadenarán, como Prometeo, a una promesa y a una obediencia.
Y, además, todo escritor del canon copiará mil veces los siguientes preceptos que dictara Preston Sturges:
1) Una chica guapa es mejor que una fea.
2) Una pierna es mejor que un brazo.
3) Un dormitorio es mejor que un cuarto de estar.
4) Una llegada es mejor que una partida.
5) Un nacimiento es mejor que una muerte.
6) Una persecución es mejor que una conversación.
7) Un perro es mejor que un paisaje.
8) Un gatito es mejor que un perro.
9) Un bebé es mejor que un gatito.
10) Un beso es mejor que un bebé.
11) Que alguien se caiga de culo es mejor que todo lo anterior. |